Ravi Ragbir, conocido por su defensa a los derechos de los migrantes, fue ayudado por activistas al enfrentar su propia deportación.

Ciudadanos, funcionarios y líderes religiosos, así como activistas pro migrantes se unieron para impedir la deportación de Ravi Ragbir, un personaje local que se ha distinguido por generar toda una red de apoyo a los indocumentados de Nueva York.
Ravi, originario de Trinidad y Tobago, este jueves debía someterse a su chequeo anual con un agente de deportación, y corría alto riesgo de ser detenido y expulsado del país, ya que cuenta con antecedentes penales, característica principal que busca el gobierno estadounidense para proceder, pero que en reiteradas ocasiones ha demostrado ser excluyente.
Ante el inminente riesgo de correr la misma suerte que otros miembros de la comunidad, centenares de personas acudieron en su apoyo y caminaron con él hasta la corte migratoria. Una hora después, fue liberado.

“¡Todos somos Ravi”, “¡Ravi, te amamos!”, gritaban sus acompañantes, entre los que se contaban a defensores de los inmigrantes, funcionarios electos, extranjeros sin papeles, sacerdotes, rabinos y pastores en Foley Square, cerca de la corte migratoria en el sur de Manhattan.

Ravi Ragbir congregó también a líderes religiosos
Ravi Ragbir congregó también a líderes religiosos

Luego, tomados de la mano, alzando el puño, cantando e incluso rezando, caminaron hasta la sede de ese tribunal detrás de Ragbir.

“Este es un mar de amor que derrotará a cualquier muro que se construya”, dijo Ragbir

Ravi Ragbir moviliza desde hace 10 años a activistas, iglesias, sinagogas y mezquitas para apoyar a indocumentados

Ragbir llegó legalmente a Estados Unidos en 1991, hace casi 26 años, con un permiso de trabajo y tramitó luego una green card o residencia permanente. Hasta ahora se ha salvado de la deportación gracias a varios aplazamientos, el último de los cuales expira en 2018.

Hoy día es el director de la organización interreligiosa New Sanctuary Coalition (Coalición Nuevo Santuario) de Nueva York, que desde 2007 conecta a sinagogas, mezquitas e iglesias con inmigrantes que precisan ayuda.

Pero vive con miedo de ser deportado, y su temor ha crecido tras la elección de Donald Trump, que ha señalado como su prioridad la expulsión de extranjeros con antecedentes penales que ya recibieron una orden de deportación.

Condenado por cometer en 2001 un delito de transferencia bancaria fraudulenta cuando trabajaba en una empresa que otorga hipotecas, Ragbir pasó tres años en prisión domiciliaria y dos en una cárcel federal.

Aunque cumplió su pena y tiene una esposa y una hija estadounidenses, el gobierno no quiere normalizar su estatus migratorio. Ragbir no puede salir del país porque luego no lo dejarían entrar.


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